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Maridaje: El placer de degustar un buen secreto

25-08-2017
«Quien sabe degustar no bebe jamás el vino, sino que degusta secretos». Salvador Dalí.

Un poco de historia

El vino tiene una larga historia y cada botella puede tener la suya, lo que contribuye muchísimo a la fascinación que ejerce esta bebida. El vino es una de las primeras creaciones de la humanidad y ha ocupado una plaza privilegiada en numerosas civilizaciones. Es imposible saber quién fue el primer viticultor. Las grandes civilizaciones de la Grecia y de la roma antiguas situaban el origen del vino en la prehistoria y rodeaban su nacimiento de leyendas. Pero uno de los acontecimientos cruciales de su historia se remonta a fechas relativamente recientes: el dominio del arte de la crianza. El hecho de poder guardar un vino durante años –y conseguir mejorarlo en barricas o en botellas- marca el nacimiento del vino de calidad.

Origen del vino Español

¿Qué es el Maridaje?

El Maridaje es el perfecto equilibrio entre la elección de un vino y una sabrosa preparación culinaria, un elemento esencial para lograr una correcta combinación de aromas y sabores, que al unirlos se potencia y generan una placentera satisfacción al degustarlos en conjunto.

La alianza entre un vino y un determinado alimento es perfecta cuando ambos salen transfigurados de la unión. Pero como, por una parte, el gusto de un vino varía enormemente en función de su origen, de su añada y de su grado de madurez y, por otra parte, los platos clásicos ofrecen sutiles matices de sabor según el cocinero que los prepare, consumir reiteradas veces un determinado plato con un mismo vino puede producir una gama de sensaciones que van de las más simples a las verdaderamente inolvidables.

Maridaje Perfecto del Vino

Un vino para cada ocasión

La estación del año y la ocasión son datos que hay que tener en cuenta para la elección de un vino. En verano, es fácil dejarse tentar por un vino blanco afrutado, mientas que en invierno se prefiere el calor de un tinto robusto o un blanco con carácter.

Cuando se toma vino a secas, lo mejor es uno no muy dulce y de carácter neutro; todo lo contrario de un aperitivo, que se bebe en pequeñas cantidades y debe tener un carácter pronunciado para que el paladar se concentre en los platos que llegarán a continuación. Un cava o un champagne resultarán perfectos, del mismo modo que –más modestamente- numerosos vinos italianos o del sur de Francia.

Los azares de la historia y las costumbres locales han producido matrimonios ideales entre ciertos alimentos y determinados vinos. Está claro que, para una comida simple, un buen vino del país suele ser suficiente, pero una comida elaborada permite el lucimiento de las buenas botellas.  En España, los vinos blancos secos de las Rías Baixas, compuestos a partir de la variedad local de albariño, se degustan con los célebres mariscos de Galicia, del mismo modo que en otras regiones del norte de España, los clásicos riojas tintos, con aromas a robles, se sirven tradicionalmente con las carnes asadas o a la parrilla.

Copas de vino Blanco y Tinto

Reglas Básicas de Maridaje a tener en cuenta

Una comida, al degustarla, nos aporta unos sabores que la definen y a partir de los cuales somos capaces de describirla: es salada, dulce, amarga o agria en distintos grados.

A un vino le pasa igual, y su sabor es función de su combinación de ácido, alcohol, taninos y azúcares.

Un vino ácido (blancos, rosados y algunos tintos) puede compensar una comida grasa. También pueden hacer que la comida parezca más salada, y el vino parecerá menos ácidos si se beben con comidas dulces.

Un vino tinto con mucho grado alcohólico puede hacer que una comida ligera no sepa a nada, por eso debe acompañarse de comidas más fuertes como carnes, cocidos, etc.

Un vino dulce va bien con comidas dulces, reforzando ambos los sabores. También puede ir bien con comidas ligeramente saladas.

Un vino tánico (tinto, con sabor fuerte y seco en boca) va bien con comidas muy proteicas y grasas.

Cuando combinamos estos dos elementos, comida y vino, el resultado tiene sus propias características. Así, durante el maridaje pueden suceder diferentes resultados:

La comida puede exagerar un rasgo del vino: un caso típico es tomar frutos secos como nueces con un vino tinto muy tánico. El vino resultaría excesivamente astringente y nos daría la sensación que nos seca la lengua.

La comida puede también reducir una característica del vino: Un buen ejemplo nos lo muestran como las proteínas de una carne neutralizan los taninos de un vino tinto. Esto explica que los vinos tintos vayan bien con la carne.

El caso contrario ocurriría cuando un vino es excesivamente potente y anula las cualidades de la comida. ¿Ejemplos? pruebe un lenguado con un vino tinto potente, o un postre muy dulce con un vino blanco muy ácido.

El vino puede aportar sabores que ensalzan un rasgo de la comida. Si por ejemplo tomamos una carne con una salsa que contiene frutos rojos y elegimos un vino tinto frutal que presenta en su sabor notas de estos frutos el resultado será muy bueno.

Tabla de Maridaje Expañol

Para finalizar no debemos olvidar que ante todo el vino es una experiencia placentera y como tal hay que disfrutarla ya que el placer del vino está en el gusto, el olfato, la vista, en el oído cuando se sirve en una copa delicada que tendremos el placer de tocar y por supuesto el placer  de compartir buenos momentos.